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Archive for 5 febrero 2010

El drama de la comedia

A la hora de valorar las obras de ficción existe una tendencia generalizada a valorar siempre mejor los dramas que las comedias ¿A qué se debe que primemos las lágrimas sobre las risas? Y me incluyo porque soy el primero que parece tener una tendencia a valorar más los dramas que las comedias. Y es que puede que la utilidad de filmaffinity sea discutible, pero de la excesiva cantidad de votaciones que tengo extraigo este dato: Nota media de las comedias igual a 5,5 y nota media de los dramas igual a 6,1. Cierto que la cantidad de votaciones no es la misma (son 802 comedias frente a 645 dramas), pero ¿no es una diferencia suficientemente significativa?

A mí el primer hecho que me viene a la mente es que no valoramos por igual las comedias y los dramas cuando se quedan a mitad de camino de su objetivo. Si una comedia no nos consigue sacar risas mientras las vemos no suele importarnos demasiado que el resto de elementos estén bien desarrollados. Yo quería reírme y la obra no lo ha conseguido, así que la decepción que me llevo es tal que suelo acabar por criticarlo por falta de gracia. ¿Sucede lo mismo cuando una película dramática no consigue hacernos llorar? No puedo hablar con total certeza por el resto de la gente, pero parece que conseguir que llores está muy lejos de tener una importancia equitativa a las carcajadas. En este caso parece mejor visto valorar los esfuerzos interpretativos o la capacidad para desarrollar con acierto la historia. ¿Por qué uno sí y otro no?

El caso del fiasco total creo que ni merece la pena ser comentado. Si una película es un bodrio no creo que haya distinciones relevantes entre comedia y drama. Lo mejor que uno puede hacer olvidarla tras escupir toda la bilis que pueda contra dicha obra. Pero, ¿y cuándo uno disfruta plenamente de una comedia o de un drama? A lo largo de muchísimo tiempo leyendo opiniones ajenas y recordando la evolución de mi criterio a la hora de valorar las cosas he llegado a la conclusión de que sencillamente parece delictivo poner una obra dedicada a la risa (o la diversión, tampoco conviene ser muy de mente cerrado en este punto) por encima de otra orientada a las lágrimas (o ese concepto abstracto denominado como emocionarse con algo). ¿Por qué una cosa ha de primera sobre la otra? ¿Por qué suele decirse que lo dramático tiene más potencial que lo cómico? ¿Por qué no se le da la vuelta a la tortilla y se dice que lo dramático rara vez aprovecha del todo su potencial y en lo cómico a veces es sencillamente imposible que dé más de sí? Y es que hay que tener en cuenta lo que es, pero también la capacidad que tenía con sus elementos para ser mejor.

La primera (y casi única) cosa que me viene a la mente a la hora de pensar a qué se debe esta injusticia es que, como es natural, extrapolamos nuestra experiencia vital a las obras que absorbemos. No me queda duda de que todos en la vida preferirán los momentos distendidos, pasándolo genial con amigos y riendo casi sin parar, pero… ¿No nos marcan más las experiencias negativas? ¿Qué deja una huella mayor: Una broma o un chiste que te hace estar riéndote hasta casi caerte al suelo o la muerte de un ser querido? Creo que no es necesario responder y también creo que, quizá sin saberlo, tendemos a asociar la fuerza de la ficción con el peso de la realidad. ¿Es justo? A mí no me lo parece y hace tiempo que llegué a la conclusión de que prefiero que la ficción me haga disfrutar a que me haga llorar… pero qué difícil es llevar esto a sus últimas consecuencias a la hora de valorar obras de ficción!

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